LIBRO III · VER

4 min

Entraste a la partida para practicar una jugada que todavía no te sale bien.

Antes de empezar escribiste una nota y la dejaste debajo del teclado:

Hoy voy a intentar la jugada nueva.

La oportunidad aparece casi al final. Tu oponente deja un espacio. Podrías probarla.

También podrías fallar, perder la ventaja y poner en riesgo el rango que te ha costado cuidar.

Conoces otra jugada. Tus manos llegan a ella antes que la duda. No te va a enseñar nada nuevo, pero protege la partida.

Miras el rango. Usas la jugada conocida.

Funciona.

La pantalla cambia y aparece una palabra enorme:

VICTORIA

El rango sube. Ganaste limpio.

Luego mueves el teclado para acomodarte.

Debajo sigue la nota.

Hoy voy a intentar la jugada nueva.

Tras ganar una partida, el teclado movido revela una nota que recordaba practicar una jugada que nunca se intentó.

No hiciste ni un intento.

¿Qué demonios estás tratando de ganar?

La partida es ilustrativa, pero el problema no tiene nada de raro.

La pantalla dijo la verdad. Ganaste la competencia que tenías enfrente.

La nota también dijo la verdad. No hiciste aquello para lo que habías entrado.

El resultado sólo parece contradictorio mientras le pides a una cuenta que responda dos preguntas distintas.

Una victoria puede ser parcial

Un score toma una partida llena de decisiones, errores, aprendizaje y cansancio, y la comprime en una señal fácil de leer.

Eso sirve. Sin scores, hasta una competencia sencilla terminaría en una discusión eterna sobre quién ganó. Ya bastante tenemos con los grupos de WhatsApp.

El problema aparece cuando el número empieza a contestar preguntas para las que nunca fue diseñado.

Tu rango puede decir si ganaste suficientes partidas. No puede decir por qué entraste a ésta.

Una calificación puede decir cómo respondiste un examen. No siempre puede decir si sabrías explicar la idea sin repetirla de memoria.

El dinero puede abrir y cerrar opciones muy reales. No puede decidir por sí solo qué precio te conviene pagar para conseguirlo.

El score no necesita mentir para dejar algo fuera. Sólo tiene que ocupar el centro cada vez que eliges.

Entonces la jugada que lo hace subir empieza a parecer la jugada correcta por naturaleza. Lo que no entra en la cuenta se vuelve difícil de defender, incluso frente a ti.

Eso fue lo que pasó en la partida. Proteger el rango era una decisión sensata para una pregunta: ¿Cómo gano hoy?

La nota guardaba otra: ¿Cómo aprendo algo que todavía no sé hacer?

Quizá habrías elegido la jugada conocida aun viendo ambas. Perfecto. La nota no manda. Sólo evita que una victoria parcial se disfrace de respuesta completa.

Cuando una cuenta ocupó demasiado espacio

Yo aprendí esto a una escala bastante menos cómoda con Terra.

Terra me dio trabajo, amigos, una audiencia y un lugar dentro de la comunidad. Varias cosas que me importaban terminaron reunidas en el mismo mundo. Cuando algo salía bien ahí, parecía que muchas partes de mi vida subían juntas.

Cuando Terra colapsó, también cayeron dinero, trabajo, conversaciones diarias y una forma de presentarme. El golpe se sintió total porque demasiadas cuentas dependían del mismo lugar.

No vuelve bonita la pérdida. Tampoco demuestra que todo era una ilusión. Muestra qué ocurre cuando un solo score empieza a hablar en nombre de demasiadas cosas.

Ahora vuelve al tuyo.

Ponle una sombra al score

Elige un número que vayas a mirar esta semana. Uno que pueda influir en una decisión cercana.

Puede ser dinero, rango, calificación, seguidores, peso, horas trabajadas o cualquier cuenta que conozcas demasiado bien.

Debajo escribe tres líneas:

El score: ______

La jugada que lo hace subir: ______

Una cosa importante que no alcanza a ver: ______

Una sola sombra. No intentes diseñar la medida perfecta ni ponerle dashboard a tu existencia.

Antes de la próxima decisión donde aparezca ese número, lee las dos últimas líneas.

Después elige.

Tal vez cambies de jugada. Quizá protejas el score esta vez. Las dos respuestas pueden tener sentido.

Lo nuevo es que el dato ausente ya tiene un lugar frente a ti.

En la siguiente partida, VICTORIA puede quedarse donde está.

La nota también.